Sentir Malvinas

(Saúl Gherscovici)

El presidente Javier Milei encabezó hoy un breve acto en el cenotafio de la plaza San Martín de Buenos Aires, en homenaje a los veteranos de Malvinas. Como siempre leyó mal y rápido. Esta vez, su poca capacidad para leer los discursos que le escriben, se agigantó por su evidente apuro en terminar con esa ceremonia que, parecía, le complicaba el armado de la valija para su nuevo viaje a Estados Unidos con su hermana. 

Esa lectura. Ese texto y las restricciones que impuso en el acto, del que quedaron afuera muchos veteranos a los que no se les permitió el ingreso, dejan en claro por dónde pasan las prioridades de la gestión libertaria que dice encabezar Javier Milei. 

A diferencia con su vicepresidenta, que siempre que puede toma distancia y participó del acto central en Ushuahia, Milei optó por el breve homenaje en Buenos Aires. Allí, cerca de Olivos, en donde no se pase tanto frío ni se pierda tanto "tiempo" que es mejor dedicar a las redes sociales, en armar una criptomoneda, en jugar con inteligencia artificial, o en viajar otra vez a Estados Unidos para recibir uno de esos y tantos bochornosos premios que recibe o para los que se autopostula. 

"Descausado" 

El discurso, aunque breve y mal leído, es también preocupante porque realmente no se escucharon palabras sentidas para los veteranos y mucho menos para la causa Malvinas, esa que Milei siempre dio muestras de desconocer y/o aborrecer, como todo lo que este impregnado de celeste, blanco y sentimiento popular. 

Una vez más, además de repudiar a la clase política y casta de la que ya hace tiempo forma de manera preeminente, Milei planteó esa ridícula estrategia de seducción que impulsó su admirado Carlos Menem por la que se cree (o al menos se dice) que entregando todo, los usurpadores de Malvinas querrán formar parte de la Argentina, a la que en 1833 le ocuparon esa parte de territorio. 

Argentina potencia 

"Buscamos hacer de Argentina una potencia para que los malvinenses prefieran ser argentinos y que ni siquiera haga falta la disuasión o el convencimiento para lograrlo", afirmó Milei, sin explicar cómo vamos a hacer una potencia sin empleo, industria, obra pública y sin un Estado que defienda y sostenga derechos esenciales y fundacionales de nuestro país y sociedad. 

El presidente habló de soberanía, esa que no reclama ni para Malvinas ni para los recursos naturales y tierras que se están vendiendo a precio vil a extranjeros, indicando que para el "Soberanía no es que el Estado tenga muchas empresas, ni que financie la industria cinematográfica, ni recitales de cuarta", según calificó quien se muere por volver a cantar en escenarios, algo que se adelanta formará parte de la campaña electoral más cerca de octubre. 

Tras destacar que "eso es lo que este Gobierno entiende por soberanía", Milei también insistió en un supuesto "reclamo inclaudicable por las Islas Malvinas, reforzando el compromiso de agotar todos los recursos diplomáticos a nuestro alcance para que vuelvan a manos argentinas". 

Todo muy curioso porque lo dice quien no oculta su admiración a Margaret Thatcher, tanto que tiene una foto de la ex primera ministra británica, la misma que decidió el hundimiento del general Belgrano, en el escritorio de su despacho. 

Lo hecho hasta el momento, dista realmente mucho de un supuesto reclamo inclaudicable, ya que desde el propio gobierno se definió en varias ocasiones a las Malvinas con el nombre inglés y desde las distintas Cancillerías que ya pasaron, Diana Mondino y el actual Gerardo Werthein, no se efectivizó ni un reclamo firme, más bien todo lo contrario. 

Finalmente, antes de partir velozmente, Milei señaló que su gobierno inició "un proceso de reconciliación nacional", que hace acordar inmediatamente al nefasto proceso de reorganización nacional de la dictadura, por el que "devuelve a nuestras fuerzas el respeto y la dignidad que les fueron negados durante décadas". Este fue el preámbulo para el polémico anuncio de reconocer el grado de subteniente de reserva al personal de soldados. Reconocimiento, dicho sea de paso, que viene siendo discutido desde hace 43 años entre los que fueron a Malvinas y los que se quedaron en el continente. 

Los Jorge, los Juan de cada barrio 

Mientras Milei pronunciaba en Buenos Aires estas apuradas y torpes palabras, en cada ciudad de Patagonia la gente salió a las calles para conmemorar la recuperación de Malvinas y la gesta, que no es de la dictadura, sino de nuestros veteranos. 

Como orgullosa ciudad malvinera, en Comodoro una multitud participó pese al frío, remanente de viento y la lluvia que se venía, de la simbólica Guardia de las Estrellas. Allí, una vez más, los veteranos y sus familias estuvieron orgullosos con sus antorchas, recordando a los que quedaron en las Islas y reclamando el respeto y la atención que se merecen hace tiempo y cada vez parece más lejana. 

Los veteranos, como los jubilados, nunca estuvieron bien o como se merecen y ganaron. Eso no sucedió en ningún gobierno. Alguno, hay que decirlo estuvo más cerca que otros de contenerlos, pero lo cierto es que nunca estuvieron tan marginados como con este: que les dio vuelta la cara, les recortó remedios y asistencia médica, y encima les pasó a Margaret Thatcher por la cara y el ánimo. 

Una vez más, la comunidad comodorense abrazó a esos veteranos a quienes cada 2 de abril ve más viejos, cansados y con los huecos que en las filas dejan los que van partiendo. Sin embargo, pese a todo, siguen de pie, orgullosos y deseosos de que alguna vez realmente su historia, sacrificio y entrega, sea reconocida y aprehendida. 

En Comodoro, con sus banderas y remeras celestes y blancas o alusivas, tenemos muchos veteranos que aún quieren contarnos esa historia de las que, sin pensarlo ni buscarlo, terminaron siendo parte. Esa historia que debe ser parte de todos/as para que, luego de la partida, la sigan contando sus hijos, sus nietos y cada uno de los vecinos, esos que todos los días tienen la oportunidad de hablar y escuchar a los Jorge a los Juan y a cada uno de los que fueron y volvieron, en nombre y cuerpo de los que quedaron allá.

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